Cuando descubrí la comunidad de costureras en Instagram aparecieron con ellas muchas otras cuentas que hablan sobre el daño que hace el fast fashion al mundo. Decían lo que todos ya sabemos sobre la producción en países pobres, la explotación de los trabajadores y las condiciones en las que tienen que trabajar por un par de dólares al día. Pero no sólo se trataba del costo de la ropa, sino de las fibras que arroja al mar cuando la lavas, de la sobreproduccion, de su posterior desecho y del ciclo de compra interminable porque las prendas son de mala calidad, lo que la convierte en la tercera causa de contaminación a nivel mundial.
En ese tiempo yo era una ávida compradora de fast fashion. Y cuando digo ávida me refiero a nivel: loca-por-las-compras-menos-la-tarjeta-de-crédito-en-el-congelador!
De hecho la razón por la que comencé mi cuenta en Instagram era para usar toda las prendas que compraba y solo guardaba en mi closet y no usaba por años.
Pero después de un tiempo de que comencé mis clases de corte y comencé a hacer mi ropa, algo en mi mente cambió y tuve esta gran epifanía que me hizo entender algo muy simple:
"No necesito comprar cosas"
Cuando se lo dije a mi marido me miró incrédulo y me dijo: entonces ya no vas a comprar naaada en Zara?
Y yo le respondí, no muy convencida, que sí iba a comprar en Zara pero solo cuando en verdad quisiera/necesitará algo y no de la manera compulsiva de hoarder en la que compraba cosas a diestra y siniestra.
Y asi pasó alrededor de un año. Y no compre nada. Y lo mas sorprendente de todo es que no pasó absolutamente nada
No fui mas infeliz, ni más mal vestida, ni me persiguen en sueños todos esos zapatos rebajados que no compré.
Han pasado ya casi 3 años desde que empecé todo esto y ha sido uno de los accidentes más felices de mi vida.
En todo este tiempo crear un guardarropa ético y (un poco más) sustentable ha sido mi proyecto personal. La ropa de las tiendas perdió su encanto y la tienda de telas se convirtió en mi lugar. Todo empezó como un outlet creativo y un hobby inofensivo que ya ha pasado a ser parte fundamental de mi vida! Y aunque al principio parecía una labor imposible poco a poco mi closet se ha llenado de las prendas hechas a mano que siempre soñé tener!
La verdad es que aún no se poner cierres invisibles, los bolsillos de mis sacos y mis cuellos camiseros son un desastre, no se hacer dobladillos ocultos ni hacer ojales con la plaquita que trae la maquina de coser!
Pero por cada cosa que no se, hay otra que ya he aprendido.
Ha sido un camino largo! Pero para mí ninguna prenda comprada iguala la sensación de satisfacción y orgullo que da ponerte algo que has hecho con una parte de ti.
Ahora siento que la ropa se acerca más a esa versión de mi misma que siempre quise ser. Cuando veo la ropa colgada pienso: sí, eso es muy yo y se que mi yo de hace 15 años estaría muy orgullosa de lo que soy ahora!
Toda esta larga diatriba es para compartirles lo que he aprendido en estos años sin comprar fast fashion. Y es que la solución para el sobreconsumo es la producción.
Al menos a mí me funcionó.
Y quizás si estiramos un poco esa frase no abarcaría sólo la producción de ropa hecha a mano en casa, sino la producción de cosas en la vida que te hagan sentir orgulloso de tu esfuerzo y que te gustaría poder ponerles una etiqueta de "yo lo hice".








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